CATEDRA UNESCO DE TURISMO CULTURAL
 
 

AÑO 2009

Patrimonio y memoria
La ruta del esclavo: Cuatro siglos de silencio

Un programa de la Unesco a nivel global se propone la identificación, restauración y promoción de los sitios y lugares de memoria de la trata de esclavos y la esclavitud  para contribuir al establecimiento de la cultura de la tolerancia y la coexistencia pacifica entre los pueblos. El aporte desde el Río de la Plata.

Alí Moussa Iye

PARIS. Desde la ventana de su oficina, en el primer piso de la sede de 1, Rue Miollis, se ve tan cerca la Tour Eiffel que parece que se la podría tocar con las manos. Alí Moussa Iye, director de la Sección de Diálogo Intercultural, de la División de Políticas Culturales y de Diálogo Intercultural  de la Unesco, trabaja activamente en un tema que lleva en los genes: la historia de la esclavitud, sus causas profundas, sus modalidades y consecuencias. Lo hace desde un organismo que, ya en 1993 – a propuesta de Haití  de varios países africanos- lanzó el Proyecto internacional  “La Ruta del Esclavo”,  con el propósito de romper el silencio y reflexionar sobre la trata transatlántica y la esclavitud, que muchos historiadores han descripto como el "shoah" (holocausto) de África.
Nacido en la República Djibouti, pequeño país al este de África, que limita con Eritrea, Etiopía y Somalía, Alí Moussa dice que la esclavitud ha dejado trazas secretas y desvastadoras que exigen una toma de conciencia por el hecho de que la lucha por la democracia y los derechos del hombre es, antes que nada, una lucha por la memoria.

El impacto de esa tragedia, la deportación masiva de millones de africanos y su esclavización durante siglos, se percibe todavía en las sociedades actuales. Pero quedan pocas trazas que recuerden esta impresionante empresa de deshumanización, si se exceptúa una amplia red de sitios, algunos de los cuales ya han sido inscriptos en la Lista del Patrimonio Mundial. Se trata de fortalezas, edificaciones, palacios, ruinas, ciudades o puertos, que hasta pueden parecer pintorescos a los ojos del visitante, pero que tienen el sentido de un verdadero itinerario del horror: la isla de Gorée, en Senegal; los fuertes y castillos de Volga y de Aaccra, en Ghana; la Isla de Mozambique; las ruinas de Kilwa Kisiwani y de Songo Mnara en Tanzania; los Palacios Reales de Abomey en Benín; la Ciudadela Sans Souci, en Haití; y varios centros y ciudades históricas en Brasil, Cuba, Antillas, República Dominicana o Panamá.

Recientemente, Barak y Michelle Obama y sus hijas Malia y Shasha, llegaron hasta el castillo de Cape Coast, en Ghana, un centro del tráfico de esclavos construido en el siglo XVII.  En lo que fue su primera visita al Africa desde que asumió la presidencia, Obama visitó una de las mazmorras utilizadas para encerrar a los esclavos antes de ser embarcados a través de la "puerta del no retorno" e hizo un conmovedor recorrido por esta fortaleza británica construida junto al mar, convertida ahora en un monumento dedicado a los millones de africanos que fueron esclavizados. Antes de abandonar el lugar, que hoy es patrimonio de la humanidad de la Unesco, el presidente norteamericano pidió “no olvidar la capacidad de los seres humanos para cometer grandes males”.

"Es doloroso, pero creo que sirve para que todos comprendamos que debemos hacer lo que podamos para combatir este tipo de males que aún existen en nuestro mundo, no sólo en este continente, sino en cada rincón del planeta", afirmó.

Deshumanización
“La trata de negros transatlántica impacta por su duración –alrededor de cuatro siglos- por la especificidad de sus víctimas –niños, mujeres y hombres africanos de piel negra- y por la búsqueda de su legitimación intelectual a partir del denigramiento cultural de Africa y la deshumanización del negro”, dice Ali Moussa Iye.
“Esta amplia tragedia todavía ocultada, sus causas profundas, sus modalidades y sus consecuencias, no ha encontrado aún en el historia el lugar que le corresponde”, afirma. Ése es, precisamente, el primer objetivo que la Unesco ha querido fijar en el proyecto La Ruta del Esclavo, a partir de la investigación de documentos y de archivos, por un lado, y del establecimiento de itinerarios que ayuden a entender mejor las motivaciones y objetivos del sistema en su conjunto.
Por tal motivo, en 1995, junto con la Organización Mundial de Turismo (OMT), sumó un programa de turismo cultural con el objetivo de identificar, rehabilitar, restaurar y promover lugares relacionados con la trata de esclavos que impliquen una concepción histórica y ética del turismo, a partir de la reconstrucción de los itinerarios de la trata y de relacionar a los países que tuvieron en común la experiencia histórica de la esclavitud.
“Paradójicamente, el brutal choque que significaron el reencuentro de africanos, amerindios y europeos en América del Norte y del Sur y el Caribe, ha generado un rico diálogo intercultural y ha suscitado nuevas formas de cultura, aún por sobre una violencia y un dolor extremos”, dice Ali Moussa Iye.
Los sitios incluídos en la Lista ya mencionada, comprenden los grandes puntos de embarque que fueron, en el continente africano, estructuras masivas de detención y selección de los esclavos antes de su deportación en navíos negreros para América, las Antillas, Medio Oriente o el Mediterráneo, así como para las grandes rutas comerciales del Océano Indico.

La isla de Gorée, asentada en la costa de Dakar, fue entre los siglos XVI y XIX el mayor centro de esclavos de la costa africana. Consecutivamente bajo dominación portuguesa, holandesa, inglesa y francesa, su arquitectura se caracteriza por el contraste entre los sombríos barrios de esclavos y las elegantes casas que vivían de la trata. Según la voluntad de gobierno de Senegal “la isla de Gorée permanece hoy como un símbolo de la explotación humana y un santuario para la reconciliación".

Las ruinas de Kilwa Kisiwani y de Songo Mnara, asentadas dos pequeñas islas cercanas a la costa de Tanzania, son los vestigios de dos grandes puertos  que fueron entre los siglos XIII y XVI la admiración de los viajeros. Allí se originaba buena parte del comercio del Océano Indico, incluído el comercio de esclavos.
También hay varios sitios en las costas oriental y occidental del continente africano sin interés particular desde el punto de vista arquitectónico, pero que deberán ser estudiados e inventariados.
Los Palacios Reales de Abomey, en cambio, conmemoran el papel jugado por los feudalismos africanos, que alimentaban singularmente este comercio.

Sitios de memoria
Numerosos centros históricos y ciudades de la América conservan construcciones realizadas por los esclavos, que contribuyeron al enriquecimiento del patrimonio cultural y urbano de esos países y a su vez recuerdan lugares emblemáticos de la esclavitud, particularmente los mercados donde vendían a los esclavos procedentes de África, que aseguraban su distribución a través del mundo.

San Salvador de Bahía, primera capital de Brasil entre 1549 a 1763, fue punto de convergencia de culturas europeas, africanas y amerindias. Innumerables vestigios testimonian este hecho. Fue también, desde 1558, el primer mercado de esclavos del Nuevo Mundo. La población africana esclava participó en la construcción de ciudades históricas como Ouro Preto, tesoro del barroco brasileño, el centro histórico de la ciudad de Olinda, el Santuario del Buen Jesús, en Congonhas, verdadera obra maestra de la arquitectura religiosa barroca, el centro histórico de San Luis o la ciudad de Diamantina.
Pero están también las fortificaciones de la costa caribeña: Portobelo y San Lorenzo y el distrito histórico de Panamá, La Habana y su sistema de fortificaciones en Cuba, el castillo de San Pedro de la Roca, en Santiago de Cuba, así como la ciudad de Paramaribo en Surinam. Esta ciudad colonial de los siglos XVII y XVIII (anteriormente holandesa) posee casas cuyo sencillo y simétrico estilo es el resultado del mestizaje de las influencias europeas y norteamericanas y de artesanos criollos, descendientes de esclavos africanos.

En cuanto a monumentos como el Palacio Sans Souci, los edificios de Ramírez y sobre todo la Ciudadela haitiana, testimonian la sublevación que se produjo el 23 de agosto de 1791 en Santo Domingo (actualmente Haití y la República Dominicana), que resultó un decisivo antecedente para la abolición del comercio transatlántico de esclavos. En conmemoración, la Unesco ha declarado a la fecha como Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición
“El impacto de esa tragedia se percibe todavía en las sociedades actuales”, dice Frédéric Vacheron, especialista de programa del Sector Cultura de la Representación de la UNESCO en Argentina, Paraguay y Uruguay.  Estas transformaciones, profundas y de alcance global, explican, en parte las configuraciones socio-culturales, geopolíticas y económicas del mundo contemporáneo”.

"De allí que el programa de turismo cultural en marcha a nivel global se propone la identificación, restauración y promoción de los sitios y lugares de memoria de la trata de esclavos y la esclavitud e incluso el diseño de estrategias para contrarrestar las formas contemporáneas de esclavitud”, dice.
Esto incluye la creación de museos, como el recientemente creado Por la Ruta del Esclavo, instalado en el Castillo de San Severino, en Matanzas, a unos 100 kilómetros de La Habana, así como la identificación y conservación de archivos – tradiciones escritas y orales – relativos a la trata de esclavos y el desarrollo de un turismo de memoria. “Sobre este punto hemos empezado a trabajar también desde el Rio de la Plata”, dice Vacheron.

Carmen María Ramos

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Columna de opinión:

Un aporte desde el Río de la Plata
Por Maria Susana Pataro *


El Seminario Internacional “La Ruta del Esclavo en el Río de la Plata: aportes para el diálogo intercultural”, que se celebró en Buenos Aires bajo la  responsabilidad de la Cátedra UNESCO de Turismo Cultural Untref/AAMNBA,  ha sido concebido como una actividad fuertemente inspirada en el Proyecto de la Unesco, lanzado en el año 1993,  y propone un ámbito de reflexión colectiva sobre el aporte que en esta región del mundo  -concebida en su caracterización histórica de la época colonial-  hemos recibido del África y que sigue nutriendo nuestra identidad más profunda.

El nombre  “Ruta del Esclavo”, obedece a un doble objetivo. Por una parte, la idea de “ruta”,  evocadora de un movimiento de pueblos, civilizaciones y culturas, intercambio de personas, bienes e ideas; por otro lado,  la palabra “esclavo” relativa no solo al fenómeno universal de la esclavitud sino, de manera mas precisa y explicita, al extendido comercio histórico de seres humanos que se desarrollo entre los siglos XVI y XIX  desde África por el Océano Atlántico, el Océano Indico y el Mar Mediterráneo.
El continente americano – tal vez como ningún otro - fue transformado de manera profunda por ese encuentro de culturas. El aporte africano se constituyo en verdadero nutriente de tradiciones culturales, ingeniosidad, conocimientos técnicos y científicos,  aptitudes y espiritualidad que han contribuido largamente a cimentar las actuales culturas americanas.

Encarar este ejercicio desde el Río de la Plata era una asignatura pendiente de no fácil resolución ya que es a riesgo de adentrarnos en uno de los fenómenos históricos más  trágicos de la humanidad, pero deberemos abordarla. Estimamos que es necesario realizar una valoración de la riqueza de las culturas africanas en los siglos pasados tanto como comprender las transformaciones profundas que las sociedades americanas y africanas  sufrieron en este doloroso proceso,  cuyas consecuencias se trasladan al presente. Esta apreciación y este conocimiento mutuos resultan centrales para sentar las bases de un dialogo intercultural renovador y necesario entre las sociedades modernas donde la diáspora africana adquiere día a día una relevancia  insoslayable.  Este ejercicio se ubica en la senda de otros similares ya  celebrados en varios países latinoamericanos que, sin duda, contribuirán  a   fortalecer los lazos del África con su diáspora, uno de los grandes objetivos de la Unión Africana.
Fiel a  los ideales que inspiraron la creación de la Cátedra UNESCO de Turismo Cultural de Buenos Aires,  los momentos del Seminario apuntan a sentar las bases de una reflexión sobre la historia, los testimonios, el patrimonio inmaterial, los lugares de memoria y los itinerarios históricos vinculados a la esclavitud en este rincón de América.

* Embajadora argentina en la Republica Federal de Nigeria

 

Los negros esclavos de Alta Gracia

Desde hace ya algún tiempo el Museo Nacional de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers organizan jornadas de debate sobre el tema de la esclavitud. Su activa directora, la museóloga Mónica Risnicoff de Gorgas, recuerda que, en el momento de la expulsión de los jesuitas, había en Alta Gracia más de 300 esclavos negros. Los documentos  reconocen su presencia  hasta bien  entrado el siglo XIX.
Se desempeñaron como capataces en  los puestos de la Estancia, aprendieron oficios y desarrollaron tareas cotidianas en el molino, huertas y corrales. Las construcciones, hoy Patrimonio de la Humanidad, son el testimonio tangible de el trabajo realizado por estos hombres que fueron traídos de tan lejos.

"Los numerosos afro descendientes han sido significativamente ignorados por la sociedad en su conjunto. Su deliberada ausencia en nuestra historia es hoy motivo de revisión y nos hace pensar que el problema de la explotación, la discriminación y la marginación es todavía una realidad que nos confronta", dice Gorgas.

 "Instalamos este tema de una manera no convencional y provocativa buscando que la respuesta del público nos ayude a cumplir con la misión del museo de constituirse en memoria activa de la sociedad", concluye.

 

 

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